Imposible Amor
Después de narrarle como cada noche la misma historia a Cristian “el cantinero” y a David el propietario de la cantina, los abrazó efusivamente como nunca, bebió apresurado su copa de pisco y se despidió de ellos. Lo notaron más emotivo, misterioso y triste que de costumbre.
Su ausencia por varios días motivó que la mancha de guayacoles del bar, a quienes invitaba los tragos cada noche, formaran una comisión “de alto nivel” para iniciar la búsqueda de tan ilustre feligrés. Indagaron por los alrededores durante semanas sin resultados. Se tornó casi imposible ya que nunca dijo su nombre dirección ni nada que les diera alguna pista. Solo se sentaba en la barra, pedía una ronda para los asistentes y contaba la misma historia lleno de lágrimas al cantinero, que nunca le tomo importancia salvo aquella noche de su despedida. Nadie supo el porqué de su repentina desaparición. El paradero de aquel hombre, que idolatraba con locura y culpabilidad a Luna, su musa, era un misterio. Se lo había tragado la tierra, o quizás el olvido y la indiferencia. Se resignaron y cesaron la búsqueda, no lo volvieron a ver jamás en la taberna ni alrededores.
El negocio estaba en declive y peor aun cuando la naturaleza castigo la zona con prolongado corte eléctrico. La estadía de los asiduos bebedores se tornó más lúgubre y aburrida que de costumbre. Una noche de esas, mientras preparaba los tragos y para variar la rutina del silencioso y casi vacío bar, Cristian se animó a contar la historia del desaparecido. Al terminar, todos lloraban sin parar, quedaron absortos e impactados, las botellas se destapaban unas tras otra sin cesar mientras comentaban entre ellos la extraña melodramática y entrañable historia que acababan de escuchar. Era tan ridícula pero a la vez tan fantástica e irrisoria que nadie la podía creer. Tenían que escucharla más de una vez para comprenderla. Los clientes, llevados por el chisme aumentaban cada día y exigían que les contarán la historia una y otra vez. Entonces Cristian se avivó. Decidió contarla solo tres veces por semana y aprovechando el ambiente denso, funesto y bohemio decidió agregarle a su narrativa el fondo musical de las Gymnopédies de Erik Satie. Todos se identificaban con el ignoto y brindaban sin parar hasta el amanecer.
Se corrió la voz. Curiosos, soñadores y pesimistas visitaban el local para percibir aquella apasionada, increíble y fascinante historia de amor. Nunca nadie se retiró disconforme. Se convirtió en la sensación de la localidad, luego de la zona y el distrito.
Una noche, un asiduo parroquiano transmitió en vivo la increíble narración de Cristian, y la historia se volvió viral. Todas las plataformas tecnológicas reventaron con los comentarios de los usuarios. El desconocido se había convertido en leyenda. Las visitas al local incrementaban cada día, con multitudes de diversos estratos sociales. Ante ello se tuvo que refaccionar y agrandar la taberna. La calamidad del desconocido se había convertido en un éxito total. La prensa aprovechandose como siempre del exito ajeno ofreció una recompensa de miles de dólares por su paradero ¡Todos querían saber quién era ese maravilloso y misterioso hombre!
La gente enloqueció, formaron clubs de fans por todo el país, quienes exigieron renombrar la taberna como “IMPOSIBLE AMOR”. ¿Quién era? ¿Dónde estaba? ¿Quién era ella? Recaudaron millones de firmas y dólares para obligar al Presidente de la nación a encontrarlo, pero todo fue en vano, jamás lo encontraron ¡Se lo había tragado la tierra!
Transcurrieron 10 largos años y el recuerdo
del desconocido crecía día a día. La taberna era ahora su gigantesca catedral y
David su pastor. Cada noche, el cantinero dirigía religiosamente los rezos de
la multitud alcoholizada frente al altar del ignoto. Fieles e infieles, rechazados e incomprendidos,
esperanzados y desafortunados, valientes y cobardes, todos peregrinaban y
cantaban entre copa y copa dispuestos a sacrificar su vida y felicidad por la
mujer que aman.
Mientras tanto, cada noche, tras la salida del último 'creyente', David y Cristian se dirigen hacia una hermosa botella de caoba, sirven sus copas de pisco y brindan efusivamente con ella: allí yacen las cenizas* del famoso incógnito.
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*¿Cómo pasó? Una tarde, días después de su despedida, el desconocido regresó al bar en busca de su billetera repleta de dólares. El cantinero lleno de deudas no se la quiso devolver; hubo un forcejeo y David, al confundirlo con un delincuente le clavó un pico de botella en el corazón. Asustados, quemaron sus documentos, lo incineraron y ocultaron. Arrepentidos y asustados decidieron entregarse a la justicia. Por ello Cristian decidió homenajearlo una noche antes de entregarse contando la historia de aquel desconocido a los parroquianos, pero como ven ante el repentino y extraño éxito de la desgracia que se volcó maquiavélicamente a su favor, callaron para siempre.

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