La búsqueda

Desperté y no te hallé. Sabía quién eras, pero no tenía un solo recuerdo de ti. Te busqué por senderos del ayer del hoy y del después, en mis recuerdos y memorias y tampoco te hallé.

Revisé apuntes y fotografías y tampoco lo logré. Recurrí al baúl de los pensamientos profundos, aquellos que se extravían sin darnos cuenta de lo importante que son y que al querer retomarlos insospechadamente se confunden en el laberinto catastrófico de la amnesia casual.

¿Quién era? ¿Qué me había sucedido? ¿Por qué solo aparecías tú? Confundido y exhausto, después de una feroz pulseada entre mente y alma, mi corazón me convenció de imaginarte y no tuve más remedio que crear recuerdos ficticios sobre ti donde te veías perfecta, ideal, la mujer que todas quisieran ser y todos quisieran tener.

Por cosas inexplicables del destino, cuando todo era idolatría gracias a la patraña de mi corazón, encontré un sobre donde había una postal. Instantáneamente, la memoria evocó aquel paisaje y desperté de mi olvido. Súbitamente, dos lágrimas surcaron ferozmente por mi rostro; la búsqueda había terminado.

 Desde aquel entonces lloro, pero no por ti, sino por mí.



20-08-1995

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