El Gran Jefe
Sus amigos lo llaman por su nombre en diminutivo, los demás Don; es de andar pausado, mirada mayormente distraída, preocupada y muchas veces pérdida por un presente demasiado incierto. Lo recuerdo de niño leyendo siempre el diario el Comercio con sus grandes lentes y cigarrillo en mano. Cuenta la historia que se quedó un año sin trabajo teniendo 5 hijos que mantener y aún así jamás falto nada en su hogar. Durante años asistió a su trabajo con el mismo par de sacos, camisas y zapatos en un ambiente donde la vestimenta era fundamental. Y nunca se quejó ni dijo nada.Ayudó constantemente en sus tiempos de bonanza a los demás (hermanos, sobrinos, tíos, vecinos, cuñados, hijos) sin esperar nada a cambio. No supo ni sabrá pedir ayuda, quizás por orgullo, quizás porque nunca la necesitó ya que todos recurrían a él.
Nunca se le supo de algún romance a escondidas ni de ninguna canita al aire; nunca levantó la mano a sus hijos y extrañamente nunca les explicó sobre la vida, sobre que deberían hacer al terminar la secundaria ni tampoco les exigió jamás seguir una carrera universitaria, quizás esperando que aprendieran, como él, de sus errores y fracasos y que con la experiencia adquirida enrumbaran su destino por buen camino.
Jamás aduló a sus hijos por ningún logro, no premiaba las diplomas ni las buenas calificaciones, se sentía orgulloso en silencio y brindando con sus amigos hasta altas horas de la noche los logros de su prole.
Vivió momentos angustiantes, de sufrimiento total y tuvo que asumir con vergüenza muchísimos errores que no le correspondían. Es un tempano, nunca lo vi llorar ni de dolor ni de alegría, tan solo aquella vez de la muerte de su padre y de la graduación de su hijo cuando unas pequeñas lágrimas surcaron imperceptiblemente por sus mejillas.
Le fallaron constantemente y aún le siguen fallando pero no reprocha ni guarda rencor, su alma y corazón noble no se lo permiten.
Tuvo muchos defectos, pero no soy quién para mencionarlos ni juzgarlo. Ahora en muchas ocasiones se le ve cansado, agotado y sin ánimos, ya la edad lo abruma y él lo sabe, sin embargo sigue luchando y ayudando desde su trinchera a los que siempre ayudó y a otros, esperando tal vez una reacción y una mano amiga para poder descansar con tranquilidad los últimos años de su vida.
Nunca es tarde, ya llegó el momento de darle tranquilidad sin vanagloriarse de ello y sin ninguna frase ni abrazo empalagoso que nunca le gusto dar, tan solo con gestos y acciones silenciosas como siempre lo hizo él.
Ojalá algún un día tenga la dicha de siquiera acercarme a ser la mitad de mi admirado gran jefe: mi padre Carlos.
me has hecho llorar imbecil,y yo si lo he visto llorar,y fue por uno de mis hermanos
ResponderEliminarexcelente!...oe dedo! yo tb llore:s...deberias ser escritor!
ResponderEliminarSin palabras amiguito......sublime y hermoso, ..ya quisiera yo poder escribir como tú lo haces pero más aún el poder hacer sentir a la gente lo que escribes.... Grande amiguito!!! Q orgullo tener tu amistad y este blog para deleitarme, Muchas bendiciones para todos los grandes jefes y una bendicion especial al tuyo por haberte creado y al mio que me dio la dicha de ver el mundo. DAA
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